‘El Templo del Tiramisú’

A ver, si en cualquier restaurante de, pongámosle Madrid, culminas una comida de domingo con un tiramisú al canto ¿cómo vas a venir a Roma y no probar el postre italiano más famoso del mundo? Aviso que el origen geográfico de este dulce está más al norte, en la región del Véneto, pero también confirmo que la destreza de los italianos a la hora de componerlo no tiene parangón. Mejor si se prueba en una casa particular pero como esto no va a ser lo más común, no está de más tener un lugar de referencia.

No voy a entretenerme mucho en el origen de tan célebre postre. Solo apuntaré que desde su nacimiento al tiramisú se le ha dado un valor afrodisíaco. Literalmente ‘tira-mi-sù’ significa ‘tira-me-arriba’, pero si queremos darle un sentido a la palabra éste sería ‘reconstituyente’, por su alto valor en glúcidos, o simplemente ‘tentempié’. Parece que después de la Segunda Guerra Mundial era un postre bastante consumido en los burdeles de Treviso, en el Véneto, donde el dulce vigorizante aupaba el espíritu de unos y la resistencia de otras. El caso es que el tentempié inspiró a uno de sus clientes, que montó un restaurante y como postre estrella del menú puso aquél que tan buenos ratos le había hecho pasar.

Para tomar el tiramisú que recomiendo hay que salir del centro histórico de Roma y pasarse por un quartiere (barrio) un poco más popular. Solo por eso ya vale la pena la excursión. El bar Pompi, de apellido El Templo del Tiramisú, está en Via Albalonga 9, muy cerca de la parada de metro Re di Roma. Esto vendría a ser como la Horchatería Daniel de Alboraia para los valencianos o la Chocolatería de San Ginés en el caso de los madrileños.

Salvo algún erasmus o turistas leídos en blogs, la mayoría de los clientes del bar Pompi son italianos y esto ya es un punto. Y aunque sirven el aperitivo y otras comidas el rey de la carta es el tiramisú, bien para llevar o bien para tomar en el salón. Mi recomendación es comerlo allí, la experiencia no defraudará. Se trata de una sala llena de espejos con lámparas antiguas, bolas de discoteca, algún luminoso de neón, paredes color pastel y camareros de uniforme con chaleco y pajarita. Tal es el impacto visual que no sabes si comer o mirar. Suerte que el bocado no defrauda.

Con el tiempo me he dado cuenta de que barruntar esos estilos que dan un toque kitch al local y de gusto cuestionable es bastante común en las cafeterías de Roma. Pero admito que forma parte de su encanto.

En Pompi hay tiramisú de fresa, pistacho, nutella y plátano y el clásico, ¿cuál te gustaría probar?

2 pensamientos en “‘El Templo del Tiramisú’

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